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El Papa, su Banco y la Mafia.

El Banco secreto del Vaticano es gobernado por un pequeño grupo de cardenales y en última instancia, por el pontífice.

Hay un gran alboroto en el Vaticano desde que se filtraron a los medios documentos internos altamente vergonzosos. Durante el mes pasado los “Vatileaks” produjeron tres escándalos mayores: revelaciones del nepotismo y corrupción en el gobierno del estado papal, el rumor de una conspiración para asesinar al Papa y supuestos negocios turbios del Banco del Vaticano.

Todo esto llega en un momento significativo: la celebración de treinta años al servicio en Roma, el Papa Benedicto alias Joseph Ratzinger (84) ha elegido a veintidós nuevos miembros para el Colegio de Cardenales, el exclusivo club de hombres que algún día elegirá a su sucesor de dentro de sus filas. Pero antes de que esto suceda, algunos de los principales candidatos del Papa podrían estar manchados y descalificados por los escándalos. Quizás esta sea exactamente la intención, pero hay más al respecto.

El escenario parece muy familiar trayendo memorias del inicio de los ochentas: ¿recuerdas el escándalo alrededor del colapso del Banco Ambrosiano y la misteriosa muerte del Papa Juan Pablo I?. Sólo treinta y tres días después de su investidura, el “Papa Sonriente” fue asesinado, como lo prueba la evidencia recolectada por el periodista investigador David A. Yallop*. Lo que selló la suerte de JPI no fue sólo su propuesta “blasfémica” de que el dios cristiano era más una madre que un padre para los creyentes. También se opuso a la doctrina católica de la estricta prohibición del control artificial de la natalidad – propagada agresivamente en la encíclica Humanae Vitae por su sucesor JPII. Y finalmente porque anunció la limpieza radical del imperio financiero del Vaticano. Esto habría puesto un alto al lavado de dinero de la mafia a través del Banco del Vaticano por su entonces presidente, el Arzobispo norteamericano Paul Marcinkus. JPI no vivió para ver realizada su declaración. Algunos meses después otro hombre que quería detener a Marcinkus murió: el periodista Mino Peccorelli.

Los negocios sucios de Marcikus no solo operaban el dinero de la mano sangrienta de la mafia. También tenía fondos estadounidenses secretos en los cofres de la Solidaridad Polaca, los contras en Nicaragua, etc. Estas arriesgadas operaciones, como sea, nunca se hicieron bajo el nombre de “Istituto per le Opere di Religione” (IOR), como el Banco del Vaticano se llama oficialmente. Se hicieron bajo la bandera de Banco Ambrosiano, el segundo banco privado más grande de Italia, cuyo principal accionista era IOR. El confidente y cómplice de la Santa Sede en el Banco Ambrosiano era su presidente Roberto Calvi, un hombre protegido por sus excelentes conexiones. Calvi era un miembro de la logia masónica ilegal de los “Blackfiars” y de la poderosa “Propaganda Due” (siglas P2). Gobernando en la sobra de Italia, el P2 contaba entre sus miembros a periodistas prominentes, miembros de parlamento, industriales, los más altos generales del ejército y líderes políticos. Entre ellos se encontraba el Primer Ministro, Silvio Berlusconi y Victo Emmanuel, el heredero al trono italiano, así como las cabezas de los tres servicios italianos de inteligencia.

Con el colapso del Banco Ambrosiano en junio de 1982, la aureola del vaticano podría resbalarse. Robert Calvi era públicamente señalado en burla como “el banquero de Dios”, quien fue hecho convicto por exportar de manera ilegal 27 millones de dólares, pero permaneció en su oficina. Antes de que se hiciera pública la noticia del escándalo le advirtió a el Papa JPII en una carta secreta y viajó a Roma. Días después se le encontró colgado del puente londinense de Blackfriars. A pesar del simbolismo tan provocativo en su asesinato, nunca se le abrió un caso. Si de hecho fue ejecutado por el P2 o por las manos de la mafia del Vaticano, nunca se sabrá. Los familiares de Calvi sostienen hasta el día de hoy que lo hicieron el chivo expiatorio del escándalo bancario. El Arzobispo Marcinkus permaneció como el honorable presidente del Banco del Vaticano hasta 1989. Murió en E.U.A. en 2006.

Treinta años después, los Vatileaks sugieren que las cosas no cambiaron mucho en el estado papal. En diciembre de 2011 el Arzobispo Carlo María Vigano (quien es llamado el Primer Ministro del Vaticano) reportó al Arzobispo Tarcisio Bertone (Ministro Extranjero) y al Papa acerca de la corrupción masiva y el abuso del poder en los círculos más altos de la Santa Sede. Repentinamente fue transferido como embajador (nuncio apostólico) a Washington. Algunas de las explosivas cartas a Bertone se filtraron al periódico italiano Il Fatta Quottidiano y soltó la tormenta actual. Dejaron ver un destello de una encarnizada lucha de poder. En el centro de la controversia: Bertone, el segundo hombre en el Vaticano. Desde diciembre de 2010 encabeza la nueva oficina de control interno de la Santa Sede, creado por decreto papal. Benedicto parce estar determinado a realizar una limpieza – como la que quería JPI. Está tratando intensamente de que el Vaticano ingrese a la “lista blanca” de la Unión Europea de países que cumplen con los estándares estadounidenses de lucha en contra del lavado de dinero, el crimen organizado y el tráfico de drogas. De hecho, una meta muy ambiciosa. Dado el contexto histórico, la conspiración para su asesinato no parece tan absurda como los voceros oficiales del Vaticano tratan de hacernos creer

[24 de febrero de 2012]

*) David A Yallop, In God's Name: An Investigation into the Murder of Pope John Paul I (En nombre de Dios: Una investigación sobre el asesinato de Juan Pablo I), David Yallop. New York: Bantam Books, 1984 ISBN 0-553-05073-7

Traduction: Miguel Landgrave