RATIONALIST INTERNATIONAL

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OTRA VEZ ESPERANDO UN PLATILLO VOLADOR...

De psicópatas, comerciantes y el gran negocio del día final

Sanal Edamaruku

(Escrito un día antes del fin del mundo, el 21 de diciembre de 2012)

20 de diciembre de 2012. La muerte está al acecho. Nuestro mundo llegará a un abrupto final mañana. Uno de los pocos lugares en la Tierra que será perdonado es la ciudad francesa de Bugarach, al suroeste de Carcassone. Anidada en las sombras de Los Pirineos se ubica este legendario lugar. Hace unos 800 años, el Papa Inocente III lanzó ahí una sangrienta cruzada para extinguir la herejía Cathar. Mañana se esperan aliens con platillos voladores para que rescaten a los elegidos. Temiendo lo peor, el presidente municipal de Bugarach ha solicitado a la policía que acordone el espacio en donde aterrizarán los alienígenas....

Las alarmas del fin del mundo se disparan con una regularidad incremental desde que Noé construyó el arca. La parte realmente predecible sobre los días del fin del mundo es: tan cierto como los huevos son huevos, siempre habrá un día después. En esta ocasión será el próximo sábado. El triunfo de la vieja y confiable realidad sobre las siempre nuevas y grotescas creencias paranormales deja, sin embargo, un sabor amargo. ¿Puedes menospreciar a esos millones de personas que corren y golpean sus cabezas en contra de la pared una y otra vez? Su innecesario sufrimiento es un recordatorio de que los enemigos de la razón son potencialmente armas de destrucción masiva que no pueden ser fácilmente desactivadas.

Las profecías del fin del mundo podrían no ser la parte más peligrosa del problema. Ya que siempre están ligadas a colisionar fuertemente con la existencia del mundo después de la hora cero, nos permite una mirada al proceso – aquí en cámara rápida – el cual regularmente sería tan lento como para entenderlo. Es el proceso de inmunización en contra de la razón.

Déjà vu: tomado de hace tomado de 58 años atrás, aquí en diapositiva congelada en el tiempo.

El 20 de diciembre de 1954, un pequeño grupo de personas se sentaron juntas y esperaron el gran evento. Esa noche, creían, una inundación destruiría la Tierra. Pero antes eso, un platillo volador aterrizaría justo en su jardín y los rescataría a todos llevándolos a un destino desconocido. Su líder, Dorothy Martin, un ama de casa en Chicago, clamaba haber contactado a los alienígenas del planeta Clarion, quienes la eligieron a ella como medium para las revelaciones. Quienes realmente creyeron en ella se prepararon para el gran viaje. Dejaron sus trabajos, escuelas, familias y regalaron sus propiedades. De acuerdo a su última instrucción, se quitaron todos los objetos metálicos de su cuerpo. El reloj marcó la medianoche, pero nada pasó. Simplemente no pasó nada. ¿Que harían ahora?

El psicólogo social Leon Festinger y sus colegas los observan. Leyeron en la prensa local sobre los mensajes misteriosos de la señora Martin, formularon una teoría sobre lo que sucedería y se infiltraron en el grupo. Dos años después publicaron un estudio parteaguas "Cuando las profecías fallan", ejemplificando con la señora Martin y sus creyentes lo que es "la teoría de la disonancia cognitiva". La teoría ofrece la clave para los mecanismos sociales y psicológicos detrás de la religión, mágico y varios patrones de comportamiento irracional. Festinger sostiene que la disonancia entre ideas, creencias valores o emociones encontradas causan una fuerte incomodidad alimentando el deseo para reducir dicha disonancia alterando y ajustando las cogniciones o añadiendo nuevas. El ejemplo más sencillo es el zorro de las fábulas de Esopo, el cual se convence a sí mismo de que las uvas que no puede alcanzar deben de estar amargas.

Nuestro grupito religioso, esperando en vano su viaje en esa noche de diciembre, se estresó profundamente cuando la realidad chocó fuertemente con sus queridas creencias en las que ya habían invertido mucho. No podían aceptar la realidad. Modificaron y ajustaron su creencia para reducir la disonancia. Al amanecer, horas después del tenso e incómodo silencio y del lloriqueo, los alienígenas le dictaron a la señora Martin la solución: ¡el dios, conmovido por la sinceridad del grupito abandonó su plan y salvó al planeta de la destrucción!. Esto lo cambió todo. Los creyentes, quienes anteriormente evitaban al público, salieron en estampida y comenzaron a esparcir "las buenas noticias" con vigor y entusiasmo. Convenciendo a otros, "probaron" para ellos mismos que todo estaba bien.

No todos los cultos del fin del mundo encuentran un final "feliz". Para grupos como el Templo de las Personas de Jim Jones o La Puerta del Cielo, la única opción fue cometer suicidio o asesinato masivo. Este no es un fenómeno nuevo. Hay registros del siglo V en donde se muestra el caso de un Rabbi Friskis en Creta, quien se autoproclamó Moisés y anunció que partiría el mar y llevaría a sus seguidores a tierra santa. Por supuesto, en la realidad las aguas no lo obedecieron. Excepto por algunos hombres rescatados por los pescadores que cuentan la historia, todos los seguidores se ahogaron en las en las olas.

La señora Martin (quien pronto se convertiría en la Hermana Thedra) recreó el "día final" más clásico. Su platillo volador no es mas que una versión actualizada de El arca de Noé en el Génesis. Las profecías del día final se conocen desde hace miles de años en todas las religiones. En siglos recientes, las antiguas tramas sobre una deidad perfeccionando su creación haciéndolas más sensacionalistas con algunos elementos accesorios acordes a la época. Han habido OVNIs, abejas asesinas, el imperio mundial comunista o el imperio vaticano, agujeros negros o fallas globales de las computadoras. Sin embargo una cosa invariablemente permanece igual. Al menos desde que existen registros históricos, ninguno de los Apocalipsis predichos se han vuelto realidad. Pero eso no importa, pues siguen apareciendo y desapareciendo. El artista Loren Madsen ha listado más de 250 días finales que no han ocurrido.

En tiempos recientes, tales predicciones utilizan un alcance más allá del pequeño círculo de un grupo particular de religiosos. En 2011 Harold Camping, un presentador fundamentalista cristiano, fue capaz de generar histeria considerable anunciando el fin de los tiempos por fuego–azufre–plaga. Pero su plazo del 21 de octubre pasó sin ningún suceso relevante, algo muy similar a lo que le ocurrió el 21 de mayo de 1998 y el 6 de septiembre de 1994. También lo hizo Sylvester en 1999, a través del milenio hubo muchos incautos que temblaron de miedo por los cataclismos y la destrucción total de las computadoras en el "Y2K". Por ahora el drama se ha pospuesto para el 21 de diciembre de 2012.

El siguiente día final se espera que sea el bueno. No, el mundo tampoco acabará el 21 de diciembre de 2012. La tierra no colisionará con el obscuro planeta X y no será tragada por un agujero negro, ténganlo por seguro. Tampoco habrán tormentas solares, ni cambio de polos, ni erupción de súper volcanes. La noción de tales catástrofes amenazando próximamente no tienen base científica y se contradicen con las observaciones astronómicas más simples. Y sobre el calendario maya, de hecho no termina el 21 de diciembre. Los calendarios no terminan, solamente se reinician sus indicadores de cuando en cuando. Pero tal disparate ni siquiera es nuevo, el fenómeno pseudo–científico del 2012 se ha esparcido gracias al internet y los medios masivos. La razón es sencilla, el día final es un día de bonanza. Nada vende mejor que el miedo.

La estrategia de mercadotecnia para la película hollywoodense de desastre "2012", estrenada en 2009 quitó todos los frenos en una agresiva campaña viral. La distribuidora Columbia Pictures trató sin escrúpulos vender la trama de la película como verídica, creando por ejemplo, un falso sitio web sobe el Instituto Humano de Continuidad que corría una lotería cuyo premio eran lugares para salvarse en colonias espaciales. Alcanzaron los 140 millones de visitas vía Internet, reproducciones móviles y en televisión. Valió la pena el gasto. La mediocre película logró producir $ 603,567,306 en las ventas fuera de Estados Unidos.

Antes del estreno de la película. David Morrison de la NASA reportó haber recibido más de 1000 solicitudes de personas que creyeron que el sitio era genuino. "Incluso he atendido casos de adolescentes que dicen que están considerando el suicidio porque no quieren ver cómo se acaba el mundo", dijo. "Creo que cuando mientes en el Internet y espantas a niños para hacer dinero, está muy mal desde el punto de vista ético". Hay un punto crucial. De hecho, creo que debemos considerar poner límites legales a quienes negocian con el miedo y la irracionalidad. No solamente en la industria del cine. Hay cuentas pendientes con quienes han negociado aprovechando la ola del "día final". Y no solamente con el "día final". Vender cosas desde búnkeres, brazaletes y curas milagrosas no sólo explotan a las personas; refuerzan masivamente los incapacitantes mentales que son los círculos viciosos de superstición en sus vidas. La generación de supersticiones está trabajando tiempo extra, incluso por medio de lo que considerábamos medios críticos y progresivos.